lunes, 2 de febrero de 2009

fruitcake

WHAT-THE-DICKENS WHISKY FRUITCAKE(basado muy libremente en el Earleen's Masterpiece Fruitcake y en el clásico escocés Dundee Cake, aliando perfectamente mis influencias escocesas y canadienses, eh? Aye.)
Ingredientes (La cantidad está pensada para 5 cakes, 4 hermositos y uno más pequeño, por aquello de que yo los regalo, llevo al trabajo, a la cena familiar... os va a costar una pasta, os lo advierto):

- 1 taza de miel líquida
- 1/2 taza de azúcar moreno
- 1 taza de aceite vegetal de sabor lo más neutro posible (yo uso de canola*, pero el de girasol también vale. Los que tenéis las arterias en plena forma, pasad de todo: mantequilla is the real thing. A fin de cuentas, es Navidad. Ya os pondréis a régimen en enero).
- 2 tazas y media de puré de manzana (compota no azucarada, vaya)
- Un par de huevos (por lo que os espera), batidos.
- 2 tazas de pasas sin semillas (yo pongo 1 de corinto y 1 de moscatel, u otra variedad más oscura)
- 1 taza y media de nueces peladas y picadas (hay quien mezcla nueces de pecán con las de California)
- 1/2 taza de piñones o de almendras sin tostar, si queréis que el cake sea más escocés.
- 4 tazas de harina integral, en mi caso -soy una integrista del integral- aunque lo típico es la blanca
- 1 cucharadita (de té, un poco más grande que la de café) de sal
- 1 cucharada sopera de bicarbonato- 1 cucharadita de levadura en polvo (tipo Royal)- 1 cucharadita (cucarachita, como diría monsieur M., que comete errores muy graciosos) de clavo molido- 1 cucharadita de nuez moscada recién rallada- 2 cucharaditas de canela molida
- 3 tazas de frutas confitadas picadas en daditos (a mí me gusta que la mayor parte sean naranjas, limones, mandarinas y jengibre confitados)
- 1 taza de guindas confitadas, de preferencia de color rojo y verde radioactivo, cortadas por la mitad
- 1 taza de dátiles deshuesados y picados en daditos- 1/2 taza de albaricoques secos picados en daditos
- 1/2 taza de cerezas y arándanos (cranberries y blueberries, el toque canadiense ;-) secos. Si no encontráis estas frutas del bosque, podéis darle el toque ibérico sustituyéndolas por orejones de melocotón.
- 1/2 cucarachita :-) de esencia natural de naranja (no agua de azahar, ojo, hablo de aceite natural de extracto de naranja. Si no lo encontráis, cargad la mano con el Cointreau)- 1 botella pequeña del mejor whisky que podáis permitiros - Grand Marnier, Cointreau, Triple Sec, o cualquier otro licor de naranja - 1 gasa de algodón o cheesecloth (trapo que se usa para escurrir el suero cuando se hace queso casero, o gelatinas de frutas), o 1 trapo limpio de algodón (pañuelo o sábana vieja, suficiente para envolver todos los cakes, individualmente)
(* El aceite de canola es el nombre comercial de un tipo de aceite de colza canadiense, - el nombre es un acrónimo de Canadian Oil Low Acid- en el cual la composición de los ácidos grasos ha sido modificada haciendo uso de las técnicas de selección de cultivo tradicionales. Es un producto claramente diferente de la semilla de colza y del aceite de colza, que tan mala reputación adquirió en España. Es ampliamente utilizado en Estados Unidos y Canada, donde es considerado uno de los aceites vegetales más sanos -después del de oliva, que aquí es caro- y con menos grasas saturadas, y se utiliza en pastelería porque su sabor es muy suave y no "enmascara" el de los demás ingredientes.
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Elaboración
Idealmente, empezar la víspera remojando en un bol los dátiles, orejones, albaricoques y pasas en Grand Marnier.
Ya, claro. En un mundo ideal, todo el ejercicio que hago produciría efectos instantéaneos en mis muslos, que serían firmes y torneados como los de Grace Jones (fui adolescente en los 80). No estamos en un mundo ideal. Empezad cuando buenamente podáis, y compensad la falta de tiempo añadiendo una cantidad vergonzosa de alcohol. Ya que estáis, y como os espera un porrón de trabajo, servios un chupito. Vais a necesitarlo. Si aún es por la mañana, podéis deciros que la receta es canadiense, que en Canadá se come a las doce, con lo cual es la hora de comer y un aperitivo es de muy buen tono. Y si son las diez, bueno, siempre es por la tarde en algún punto del globo.
Ahora que tenéis las mejillas rojas y el corazón tibio, encended la tele y poneos cualquier versión de "Canción de Navidad". Una de la familia Osbourne también vale. Pero necesitaréis más alcohol.
Batir la mantequilla/el aceite con el azúcar y la miel hasta que esté bien cremoso. Añadir a la mezcla la compota de manzana, la esencia de naranja (o una cucharadita de café de Cointreau o de Grand Marnier) y un buen par de huevos (batidos). Seguir batiendo (y lo que te rondaré, morena). Servirse otro chupito de Grand Marnier. ¿A que se bate mejor, con más entusiasmo?
En un bol aparte, tamizar y mezclar la harina, la sal, las especias, el bicarbonato y la levadura en polvo. Mirar con incredulidad en el tamiz la cantidad de guarrerías que contiene la harina integral (pajillas de trigo, pelos, un pendiente...). Sorbito de Grand Marnier. Abrir la ventana para que salga la nube de harina que habéis levantado mezclando con demasiado entusiasmo. Recordar cerrar la ventana, que aquí en Montreal andamos a 7 bajo cero y la calefacción no la regalan. (Aunque si queréis dar a la cocina un clima realmente dickensiano, podéis dejarla abierta y pasar frío. Y poner cara de huérfano pobre mientras cocináis.)
Mezclando con un poco menos de entusiasmo (más que nada porque la cosa espesa y empieza a ser un esfuerzo), añadir gradualmente la mezcla de harina a la mezcla de mantequilla. Lo mejor es tener un robot de cocina que lo haga, o en su defecto un esclavo (léase cónyuge) que bata vigorosamente mientras nosotros añadimos la harina con un ligero titubeo.
Limpiar la harina del suelo (la que no ha caído en la mezcla) mientras recitamos al mismo tiempo que la tele: « ¡ Si pudiera hacer mi voluntad, todos los idiotas que se pasean con un "Feliz Navidad" en los labios serían cocidos con su propio pudín y enterrados con una estaca de acebo clavada en el corazón ! », con las consonantes un poco pastosas. Servirnos otro chupito ( como tónico, por el esfuerzo).
Precalentar el horno a 165 grados (sí, sí, se hace a horno muy suave). Sorbito de Grand Marnier.
Cuando toda la harina esté incorporada, mezclar gradualmente las nueces, frutas confitadas y demás frutos secos. Las frutas secas que marinaban en licor hay que escurrirlas previamente, guardando el licor que rezuman como oro en paño. (Noooo, ése no se bebe, borrachuzos).
Ahí es cuando empieza el ejercicio de verdad. La masa es de un denso que si lo hacéis a brazo y solos, vais a necesitar un fisioterapeuta y dos masajistas deportivos para reponeros. Antes de tener la fabulosa Kitchen Aid de mis amores, yo le dejaba esta fase a monsieur M., mi amable hombre de las nieves. Y hasta él sudaba un poco mientras batía con brío. Tomar un par de sorbitos mientras tu hombre (o mujer) sufre.
Engrasar cinco (si respetáis las cantidades que he dado) moldes de cake y empezar a palear la masa en ellos. No llenar hasta el borde, porque el cake va a subir un poco. Lanzar un pegote de masa al cónyuge, presa de risa floja. Tragarse la risa floja inmediatamente, tras ver expresión del cónyuge mientras intenta extraerse la masa del oído. Hornear durante aproximadamente una hora y 25 minutos, aunque os recomiendo mirar tras una hora (el más pequeño estará hecho). Cuando pinchéis el centro (del pastel, no del cónyuge) con un palillo y éste salga limpio, está listo.
Sacar del horno, recoger los que se os han caído y dejar enfriar. Mientras esperáis, es el momento de otra copita. Recitar -con tono ahora francamente ebrio-: « ¿Vas a mostrarme las sombras de las cosas que aún no han ocurrido, pero que ocurrirán en tiempos venideros, no es así, espíritu? »
Armados de la poca dignidad que os quede y de la botella de whisky, remojar la gasa cortada en pedazos lo bastante grandes para envolver un cake cada uno, en bien de Johnnie Walker. Si el cónyuge ha salido de la cocina, y ya no os queda Grand Marnier, es el momento de remojaros el gaznate y darle un tiento a la botella de Johnnie, a morro, qué demonios. Envolver cada cake cuidadosamente en la gasa, gritando al mismo tiempo con dicción dudosa: « ¡Feliz Navidad! ¡Que Dios nos bendiga a todos y cada uno! », bajo la mirada censuradora de vuestro sobrio cónyuge, que ha asomado la cabeza por la cocina debido a vuestros gritos.
Regar con el resto del whisky y con el Grand Marnier que ha sobrado de remojar las pasas (si no os lo habéis trasegado). Terminar de momificar vuestros cakes envolviéndolos, sucesivamente, en plástico adhesivo y papel de aluminio, para terminar metiéndolos en una bolsa hermética (de esas de congelación) y conservarlos en el frigorífico. Abrirlos por Navidad, y que Dios os proteja si tenéis que conducir tras haberlos comido.
Lo de seguir emborrachándolos remojando la gasa con un chorrito de whisky o no una vez por semana hasta el momento de servirlos, es asunto vuestro. Yo personalmente creo que ya es vicio. Y me da miedo guardar algo tan inflamable en el frigo, temo que explote.
Duran entre cuatro y cinco MESES en el frigo, (monsieur M. afirma que cuanto más tiempo "marinando", mejor), aunque hay quien dice que puede consumirse tranquilamente en el año. Esto es lo más cercano a la eternidad a lo que podréis aspirar en repostería, chicos.
Alguien me contó una vez (creo que en serio) que su madre había encontrado en el desván, al fresco en una caja de metal, un fruitcake hecho por la abuela -hace unos 25 años-, que debía de haberlo olvidado allí. Lo abrió, y el aspecto no sólo era impecable, sino tentador. Parece que al final no se atrevieron a probarlo, pero que lo conservan cuidadosamente para generaciones futuras...
Por último, para que no se diga que este blog no se preocupa por el desarrollo sostenible, y si probáis a cocinar este fruitcake y nadie en casa es capaz de terminar una rebanada, siempre podéis reciclarlo como fuente de energía ecológica: he aquí el árbol de Navidad con luces alimentadas por un fruitcake (la idea no es en absoluto mía).
Lleno de energía, ya os lo he dicho al principio.